Tafí y los Valles Calchaquíes


Tafí del Valle nos recibió con una lluvia suave pero persistente y tratando de cubrirnos de las inclemencias del clima recalamos en un local de artesanías creado por un grupo de mujeres de la comunidad originaria que se autogestionan para continuar y comunicar las ancestrales técnicas de tejido en telar llamado “Manos Tafitanas”.

Ya de paso por Amaicha del Valle, nos encontramos la explotación que realiza el empresario Héctor Cruz, quien compra a precios ínfimos producciones de las comunidades originarias para venderlas con su propia marca. También tiene el Museo Pachamama y como si esto fuera poco, con la ayuda de Palito Ortega gobernador, profanó las ruinas de la comunidad Quilmes construyendo un hotel, una confitería y una piscina sobre los restos del antiguo cementerio indígena. Hoy, luego de una intensa lucha, la ciudad sagrada ha sido restituida a sus verdaderos dueños y Cruz fue echado. También en Amaicha hicimos un breve contacto con los miembros de la comunidad indígena diaguita calchaquí, cuyos ancestros consiguieron en 1716 una cédula real de la Coroña Española que los reconoce como dueños legítimos de más de 100.000 hectáreas. A pesar de esto han perdido gran cantidad de tierras a manos de los terratenientes.

La usurpación de tierras es un tema que se agrava en Cafayate, Salta. Charlando con un comunero diaguita nos contó cómo habían recuperado algunas tierras y cómo la defendían de los negocios de los terratenientes viñateros nacionales y extranjeros (como las bodegas Esteco y Etchart) que expulsan a las comunidades, cercan sus ríos, o prohiben el paso de los animales. También en Cafayate tienen la amenaza de la explotación minera ya que hay proyectos de prospección para explotar uranio. El año pasado, vecinos autoconvocados y comunidades originarias contra la minería bloquearon el paso de 4 camiones chilenos cargados con tanques gigantes para la lixiviación con ácido sulfúrico, que se dirigían a la Alumbrera, y luego de dos meses lograron que los camiones vuelvan por donde entraron.

Continuamos nuestro camino hasta Salta capital, una ciudad desbordada de una imaginería católica conservadora extendida a lo largo y ancho de la ciudad, en sus carteles, monumentos, publicidades, vitrinas, calles, etc. Esta hegemonía ha dado sus podridos frutos a fines del año pasado cuando se oficializó la enseñanza católica obligatoria en las escuelas primarias.

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